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TDAH en el sistema educativo español: avances, desigualdades y retos

TDAH en el sistema educativo español: avances, desigualdades y retos

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Autor: Sara Sánchez Ruiz

Como docente e investigadora, observo cada vez con mayor claridad la creciente diversidad presente en nuestras aulas. Siempre hemos asumido que diferentes somos todos y que precisamente esa diversidad constituye uno de los rasgos más valiosos del ser humano, sin embargo, en la actualidad parece existir una tendencia creciente a clasificar, etiquetar o diagnosticar determinadas conductas infantiles, quizá con la intención de ofrecer a los profesionales una especie de “manual de instrucciones” que nos ayude a comprender mejor al alumnado. 

Por Sara Sánchez Ruiz, Directora del Máster en Necesidades Educativas Especiales y del Máster en Psicopedagogía en UNIE Universidad.

Una reflexión sobre la diversidad y la etiqueta del TDAH

Hace no mucho, la docente de mi hijo se acercó a mí y me comentó con cierta preocupación: “Creo que tu hijo tiene TDAH”. Me quedé pensativa y quise escuchar con atención su explicación. Su argumento principal fue que el niño “era lento”. No lo negué; efectivamente, es lento para muchas cosas, sin embargo, también es profundamente observador cuando algo despierta su interés, ya que puede pasar largos ratos contemplando la belleza de una simple flor porque le apasiona la naturaleza. Esa sensibilidad y capacidad de observación, lejos de ser un problema, forma parte de aquello que le hace único.

¿TDAH o reacciones humanas ante la falta de motivación?

 Esta experiencia me llevó a reflexionar sobre algo que, probablemente, todos hemos vivido en algún momento: ¿Acaso no nos distraemos o tardamos más en realizar aquellas tareas que no nos resultan atractivas? Muchos recordamos nuestra etapa como estudiantes, en mi caso, era frecuente levantarme de la silla para abrir la nevera y, tras unos segundos, cerrarla sin haber cogido nada. Hoy sabemos que este tipo de conductas forman parte de lo que comúnmente denominamos procrastinación: pequeñas estrategias inconscientes que utilizamos para evadir tareas que no nos motivan. 

La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿Estamos ante comportamientos propios del TDAH o ante reacciones humanas relativamente habituales cuando la motivación disminuye? 
 

Prevalencia y datos actuales del apoyo educativo en España 

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es, sin duda, uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia y la adolescencia. Diversos estudios sitúan su prevalencia en torno al 5 % y el 7 % de la población infantil, lo que, en términos prácticos, significa que en una clase de 25 o 30 estudiantes es habitual encontrar uno o dos alumnos con este diagnóstico (Ministerio de Educación y Formación Profesional, 2024). 

Más allá de su prevalencia, lo que resulta especialmente llamativo es el notable incremento en el número de estudiantes que reciben algún tipo de apoyo educativo. Los datos más recientes indican que aproximadamente 1,13 millones de estudiantes reciben apoyo educativo en España, lo que representa cerca del 14 % del alumnado del sistema educativo no universitario (Ministerio de Educación y Formación Profesional, 2024). 

Esta cifra supone un crecimiento considerable si la comparamos con el curso 2017-2018, cuando el número de estudiantes con necesidades específicas de apoyo educativo se situaba en torno a 620.000. 

Factores que explican el aumento de diagnósticos de TDAH 

Ante estos datos surge una pregunta inevitable: ¿Por qué ahora parecen existir tantos casos? Una posible explicación es que hoy contamos con mayor sensibilidad social, mejores instrumentos de detección y una ampliación de las categorías educativas que requieren apoyo especializado. Este avance ha permitido visibilizar necesidades que durante décadas pasaron desapercibidas, sin embargo, también debemos reflexionar sobre el contexto en el que se desarrolla la infancia actual. 

Vivimos en una sociedad caracterizada por la sobreestimulación constante, la inmediatez y la cultura del corto plazo, sin embargo, en muchos casos seguimos pidiendo a los estudiantes que aprendan del mismo modo y al mismo ritmo que hace décadas. Esta tensión entre un entorno social cambiante y un modelo educativo que evoluciona más lentamente puede generar desmotivación en una parte del alumnado. En este sentido, el educador Ken Robinson señalaba (aludiendo a los individuos medicados para ello) que: 

“Muchos niños diagnosticados con TDAH no están enfermos; lo que ocurre es que se encuentran en un sistema educativo que espera que todos aprendan de la misma manera y al mismo ritmo”. 
 

Desafíos del sistema: recursos y ratios de orientación 

Desde una perspectiva más optimista, el incremento de diagnósticos también puede interpretarse como el resultado de una mayor capacidad del sistema para identificar necesidades educativas y ofrecer apoyo especializado, sin embargo, este aumento plantea interrogantes relevantes sobre la capacidad real del sistema educativo para responder adecuadamente a esta diversidad creciente. 

Uno de los principales desafíos se encuentra en los recursos humanos disponibles para la orientación educativa. Organismos internacionales como la UNESCO recomiendan una ratio aproximada de un orientador por cada 250 estudiantes para garantizar una orientación educativa eficaz y preventiva. En España, sin embargo, la ratio real suele situarse entre 700 y 800 alumnos por orientador, pudiendo incluso superar los 1.000 estudiantes en algunos centros educativos (COPOE, 2023). 

Estos datos evidencian una realidad clara: cuando los recursos son limitados y el número de estudiantes con necesidades educativas aumenta, resulta mucho más difícil garantizar una atención verdaderamente individualizada.

El papel del profesorado y la formación permanente 

A pesar de estas dificultades, el compromiso del profesorado sigue siendo uno de los pilares fundamentales del sistema educativo. Muchos docentes trabajan cada día superando condiciones complejas y demostrando una enorme vocación profesional. 

Desde mi experiencia como directora del Máster en Necesidades Educativas Especiales, resulta especialmente alentador comprobar la motivación de numerosos profesionales de la educación que deciden continuar formándose para comprender mejor esta realidad, evitar diagnósticos erróneos y ofrecer una respuesta educativa de calidad. Esa actitud de aprendizaje permanente es, sin duda, uno de los motores que permite transformar las dificultades en oportunidades educativas. 

Equidad y distribución del alumnado en los centros 

Otro aspecto que genera un intenso debate es la distribución del alumnado con necesidades educativas entre los distintos tipos de centros educativos. Los datos oficiales muestran que aproximadamente el 74-75 % de este alumnado se escolariza en centros públicos, frente a alrededor del 22-23 % en centros concertados, mientras que el porcentaje en centros privados es muy reducido (Ministerio de Educación y Formación Profesional, 2024). 

Diversos estudios realizados por organizaciones como Save the Children o EsadeEcPol señalan que esta distribución refleja ciertos procesos de segregación escolar que aún constituyen un desafío para la equidad del sistema educativo. 

 

Conclusión: hacia una escuela verdaderamente inclusiva 

En este contexto, la atención al alumnado con TDAH pone de manifiesto uno de los grandes retos de la educación contemporánea: cómo avanzar hacia una escuela verdaderamente inclusiva. Pero quizá la pregunta más profunda sea otra: ¿cómo motivar al alumnado en una sociedad cada vez más compleja y estimulante? 

Distinguir entre un alumno desmotivado, un estudiante con TDAH o un niño que simplemente presenta otras dificultades educativas requiere tiempo, formación especializada y recursos adecuados. La inclusión educativa no depende únicamente de la voluntad del profesorado o de la existencia de marcos normativos favorables; también requiere recursos suficientes, una distribución equilibrada del alumnado y una estructura institucional capaz de responder a la diversidad real de las aulas. El TDAH es cada vez más común y sinceramente, uno de los diagnósticos menos claros y que más debate promueve, ya que puede confundirse con desmotivación y en ocasiones el etiquetaje se convierte en una herramienta para el profesional y no para el individuo, ofreciendo una especie de “manual de instrucciones”. 

En definitiva, aunque el sistema educativo español ha realizado avances importantes en la identificación y atención al alumnado con TDAH y otras necesidades educativas, los datos disponibles indican que todavía queda un amplio camino por recorrer. Reducir las ratios de orientación educativa, equilibrar la distribución del alumnado entre centros y fortalecer los recursos de apoyo son algunos de los desafíos fundamentales para avanzar hacia una escuela verdaderamente inclusiva, equitativa y capaz de responder a la diversidad del alumnado.

Sara Sánchez
Autor: Sara Sánchez Ruiz
Directora del Máster en Necesidades Educativas Especiales y del Máster en Psicopedagogía en UNIE Universidad.